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Un gran día para el transporte

Esa mañana no iba a ser una mañana corriente para Liam McCormick. Se levantó, como todos los días, se aseó como siempre, se preparó para salir después de tomar un desayuno más que digno de este nombre: pero, esta vez, todas sus acciones, todos sus movimientos, estaban recubiertos de un aura diferente, de ese sentimiento que envuelven mórbidamente los días realmente especiales.

Se sentía satisfecho y su seguridad misma traspasaba las fronteras de su epidermis para hacerse pública y compartida por todos aquellos que querían gozar de un día feliz. A eso le llaman efusividad, a veces; en otros casos se etiqueta como “felicidad” y suele derivar en abrazos llenos de sentimientos (pero sin pasarse).

Hoy el transporte planetario – y posiblemente hasta el transporte entre diferentes mundos y planetas – cambiaría radicalmente.

Liam había sido el ingeniero jefe del proyecto denominado Telephone Box (cabina telefónica) que revolucionaría el mundo de las telecomunicaciones y hoy era el gran día de la puesta en marcha del sistema revolucionario. Se sentía algo incómodo al tener que enfrentarse a una rueda de prensa, al fin y al cabo era sólo un ingeniero y estaba acostumbrado a tratar más bien con números que con periodistas.

Al llegar al Centro Origen (uno de los dos terminales de este nuevo sistema, el otro estaba situado en el otro extremo del territorio estadounidense) fue recibido por un número inesperadamente elevado de periodistas, quienes le ocultaban la visual creando una especie de pared humana sin solución de continuidad. Su coche se abrió paso suavemente gracias a sus sistemas anti choques hasta llegar a las puertas de entrada al Centro: allí pudo bajar del coche (sin saludar a su chófer, como de costumbre) y dirigirse hacia el interior del edificio.

En el interior el número de periodistas que habían recibido la acreditación era lógicamente muy inferior, lo cual fue realmente un alivio para Liam. Tenía que explicar muchas cosas de una forma sencilla y había pedido una audiencia de periodistas calificados en temas científicos para así evitar las preguntas más obvias y estúpidas; para ello se había preparado, para ello se había puesto guapo esa mañana, para ello había tomado los ansiolíticos que su médico le había recetado.

Estaba preparado.

Sólo quedaban pocos metros para que llegara al atril; cuando el presentador había anunciado su presencia los periodistas habían aplaudido, lo cual parecía ser un buen auspicio. Iba a emprender su marcha hacia los focos cuando se dio cuenta que alguien le estaba agarrando por el brazo. Se dio la vuelta lleno de rabia por la interrupción que había roto el climax del momento. Su ira fue aumentando al ver una figura menuda, de una vieja, que mirándole intensamente le espetó: -tienes un fallo, acuérdate-.

La vieja desapareció de forma casi mágica dejando Liam perplejo, sin aliento, y con su seguridad personal completamente derrumbada.

Pero tenía que salir y dar la cara.

Valor, y al ruedo. Su ingreso en la sala de prensa del Centro fue acogido por aplausos que fueron disminuyendo rápidamente en tono e intensidad. El ciclo de preguntas había sido definido de antemano, para que se pudiera mantener cierto orden, lo cual no comportaba necesariamente que los periodistas fueran fieles al guión pero simplificaba mucho las cosas y rebajaba el nivel de tensión.

Liam esperó que el ruido en la sala desapareciera antes de empezar a hablar. Su buen hacer le provenía no tanto de su costumbre a aparecer en público, costumbre que no tenía, sino de su seguridad en el sistema que su equipo había proyectado y realizado. Aquella misma seguridad que se había visto frustrada por la aparición (y desaparición) de la vieja. Su mente analítica y cuadriculada le decía que había sido solamente una visión, y sin embargo una parte de su cerebro estaba justamente en ese mismo momento repasando todos los cálculos suyos y de sus colaboradores.

Se trataba de una habilidad muy rara y extraña, Liam era capaz de hacer varias cosas independientes y contradictorias al mismo tiempo (sin ser una mujer). Eso le permitió empezar a hablar como si nada estuviera pasando por su mente.

-Cómo todos sabéis- empezó dirigiéndose a los periodistas -hoy es un gran día para el transporte de objetos y de personas. Un día revolucionario. Un día de esos que acaecen solo una vez cada siglo. Os presentamos DIGÍTATE, el sistema de transporte y teletransporte para el mundo del futuro.-

De repente el telón grueso puesto a sus espaldas fue retirado y los periodistas pudieron ver claramente lo que se ocultaba detrás: una fila de cabinas telefónicas. Se trataba de cabinas al estilo inglés, parecidas a las cabinas de policía que se solían utilizar en Londres y cuyo diseño el Dr. Who copió descaradamente cuando diseñó la TARDIS.

-De momento estamos todavía limitados en lo referente a las dimensiones, pero hemos conseguido hasta teletransportar objetos no inanimados desde una de las cabinas hasta la correspondiente cabina situada en Chicago. Ahora procederemos haciendo una pequeña prueba preliminar.-

Puso en una de las cabinas un cubo de cartón que había sido previamente firmado por muchos de los periodistas presentes en la improvisada sala de prensa de San Francisco. -Ahora es necesario digitar el número de la cabina receptora- explicó. Lo hizo él mismo y todos los presentes pudieron ver como el cubo se difuminaba y desaparecía.

-¡Es un vulgar truco de mago barato!- le acusó un periodista del Washington Post señalándole con el dedo de forma inquisitiva. Pero desde el otro extremo, en la igualmente improvisada sala de prensa de Chicago un colaborador de Liam levantó el cubo para permitir que las cámaras le enfocaran con todo detalle y permitieran a todos los periodistas presentes en California comprobar que sus firmas estaban exactamente donde debían de estar.

Los murmullos se hicieron más intensos hasta que John Schultz, el mismo periodista del Washington Post que acababa de acusar a Liam de ser un embaucador, levantó la voz por encima del ruido de fondo, algo que se le daba bien gracias a sus casi dos metros de altura y a unos pulmones más que generosos.

-¡Silencio!- dijo, y cuando todo el mundo se calló siguió el hilo de su simple razonamiento: -ahora, doctor McCormick, creo que debería contestar a unas cuantas preguntas; y espero para su bien que no le esté tomando el pelo a toda la audiencia americana e internacional.-

-No tengo nada que ocultar. Entre otras cosas porque las patentes están ya todas registradas- añadió lo último dejando entrever una mueca de satisfacción. -Me podéis preguntar todo lo que queréis, estoy a vuestra disposición.- Mientras tanto el cubo había hecho su aparición de vuelta en una cabina adyacente, enviado a título explicativo por parte del colaborador de Liam en Illinois.

-Aquí tienen Ustedes el cubo, devuelto con unas firmas añadidas: las de algunos de los periodistas presentes en Chicago.- Y diciendo eso se lo entregó al periodista más cercano para que lo comprobara y lo entregara a sus compañeros. -En realidad no se trata de un sistema punto a punto sino que aprovecha las localizaciones satelitares obtenidas mediante GPS para transmitir materia de un punto a otro.-

-¿Entonces cualquiera puede utilizar esta técnica?- fue la pregunta lógica e inmediata de un periodista de Seattle. -Quiero decir, si únicamente depende de las coordenadas…-

-En realidad no depende solo de las coordenadas. Las coordenadas definen el punto de salida y el punto de llegada pero es imprescindible disponer de todo el equipo de codificación y descodificación: el primero desintegra el objeto, animado o no, que se encuentra en el punto de salida, el segundo lo reintegra devolviéndolo en las mismas condiciones en las que se encontraba en el punto de salida.-

-Con lo cual no es posible que se generen errores- puntualizó un periodista de Las Vegas. En su ciudad varios empresarios habían manifestado mucho interés por el sistema que se veía aplicable para noches locas en los casinos, bodas express, divorcios express…

-No es posible, efectivamente.-

-Y el objeto teletransportado ¿dónde se encuentra en el lapso de tiempo entre salida y llegada, entre codificación y descodificación?-

La voz era desconocida para todos los presentes; el mundo de los periodistas que cubren esta clase de noticias es relativamente pequeño, y los personajes que pululan en esos ambientes se conocen entre ellos. Pero esa voz era nueva: provenía de un joven, un chico que aparentaba unos veinte años y que nadie conocía. Lo cual provocó un desplazamiento al unísono de las cabezas de sus compañeros que intentaron fulminarle con sus miradas.

Se trataba precisamente del caso más indeseable. La pregunta se salía del guión establecido, y eso no le gustaba a Liam. Y no podía ser bueno.

-No creo tener el gusto. Usted es…-

-Paul Asters, redactor de la revista online Amenazas y Peligros.-

Una revista pseudocientífica sensacionalista. Bazofia galáctica. ¿Cómo habría conseguido la invitación necesaria? Calma. Sangre fría.

-Y mi pregunta es tan buena como otras a pesar de ser inesperada, creo.- Parecía haberle leído la mente a Liam, aunque ciertamente había leído sus reacciones no verbales.

-Efectivamente, Mr. Asters. Hemos podido averiguar que no hay desviación temporal. Es decir, las moléculas que antes estaban aquí, de repente se encuentran allá. Nuestras grabaciones con cámara de alta velocidad nos muestran un proceso que se concluye en el lapso de tres fotogramas (y todos sabemos qué quiere decir tres fotogramas en una cámara de alta velocidad) y de manera realmente contemporánea.-

-Ahora sólo tenemos dos cabinas. Pero ¿si tuviéramos más? ¿Cómo se conseguiría enviar lo que se quiere enviar al sitio correcto?-

-Tenemos un sistema de encriptación infalible. Es la parte realmente puntera de nuestro sistema.-

-Todo eso gracias a vuestro sistema patentado del que no piensan explicarnos nada, ¿cierto?- dijo el polémico Kim Long, periodista del St.Louis Herald. -¿Pretendes que te creamos? Mover un cubo es relativamente sencillo, pero ¿un animal? Y no estoy hablando todavía de un ser humano.-

Liam sonrió, seguro de sí mismo. -Ahora vamos a demostrar cuán inútiles son sus miedos, Mr. Kim.- Y luego, dirigiéndose a su asistente, añadió -traed el gato.-

Era un gato de verdad, con sus patas (cuatro) y su cola (una) y unas cuantas manchas claramente reconocibles. Lo iban a enviar a Chicago para que se viera que no había peligros para el hombre (como si un gato fuera parecido a un ser humano) y él lo sabía: nada más ver a las cabinas de teletransporte y a toda la gente y a los focos que le apuntaban la cara y escuchar el murmullo ensordecedor de los periodistas empezó a querer huir de esa jaula de locos.

No lo consiguió a pesar de dejar su marca en forma de arañazo en las manos de más de un cuidador; finalmente consiguieron encerrarlo en una de las cabinas. Liam no se había inmutado y, una vez haya vuelto la calma, explicó con una tranquilidad extrema cómo se iba a desarrollar el experimento.

-Cómo habéis podido apreciar este espécimen animal estaba bastante animado.- Los golpes que provenían de la cabina subrayaban la veracidad de su afirmación. -Ahora lo enviaremos a Chicago, y luego nuevamente de vuelta aquí.-

La declaración que todo el mundo se esperaba. Y cuando los golpes en la cabina dejaron de oírse el silencio se hizo palpable. Liam se acercó a la cabina y con gesto teatral y tétrico abrió de golpe su puerta; los periodistas se agolparon para ver como la cabina contenía… nada. La nada más absoluta. Un gato evaporado del que no había quedado ni el olor, pero sí unos cuantos arañazos. -Estamos trabajando en el material que se usa para el recubrimiento interno de las cabinas, de todos modos estoy seguro que de haber sido un ser humano los arañazos hubieran sido menos penetrantes.-

Después de un breve silencio todo estallaron en una risa aliviadora. El gato había desaparecido. ¿Había sido teletransportado?

Desde Chicago se confirmó que el gato había llegado sano y salvo, había intentado agredir a todos los presentes y había sido finalmente inmovilizado. Se le cortó entonces el pelo en el costado dibujando la “C” característica de los equipos deportivo más conocidos de la ciudad y se le envió de vuelta.

Al abrir la puerta de la cabina se volvió a generar la misma escena, con los mismos arañazos y los mismos agentes heridos, pero la letra “C” era más que evidente. Alguien aplaudió (los más incondicionales) pero hay que admitir que reinaba un halo de escepticismo.

-A mí me parece más nervioso que cuando lo enviamos- empezó Kim Long. -¿Y si le ha ocurrido algo a nivel cerebral?-

Escalofríos. Los seres humanos no se resignan a pasar por alto un tema relacionado con su cerebro.

-Es cierto. Yo he podido contabilizar quince arañazos más, y la distribución humanográfica de los mismos demuestra que han sido dirigido por un 35% más hacia la cara de las personas y un 15% menos hacia las manos, sin contar el incremento sensible de ataques a las partes genitales de los cuidadores- explicó Marius Brother que tenía una larga carrera de periodista deportivo a sus espaldas.

-No hay razón de preocuparse- cortó expeditamente Liam. -Toda conjetura será válida mientras no efectuemos este mismo experimento con un ser humano. ¿Algún voluntario?-

Nadie se ofreció. Inexplicablemente.

-Podríamos utilizar algún condenado a muerte- sugirió alguien. -Si algo saliera mal, el resultado no cambiaría.-

-No es posible, os recuerdo que las penas capitales han sido todas conmutadas en cadena perpetua- le contestó otro.

-Putos pacifistas- se oyó: todos fingieron no haberse dado cuenta, pero en realidad la mayoría compartía el comentario.

-¿Y los enfermos terminales?-

-Si mueren no sabremos nunca si ha sido por el sistema o porque les tocaba.-

-Yo propongo buscar algún vagabundo, su ausencia no se notará- proclamó otra voz anónima. Porque a la hora de tomar ciertas decisiones todas las voces se convierten en anónimas y cuando la decisión es equivocada “ha sido tomada colegialmente”.

-Ya se ha intentado, y no funciona.- Todos contuvieron la respiración. -Se ha intentado hacer desaparecer a los vagabundos, me refiero, no a meterlos en la cabina.- Suspiro generalizado de alivio.

Todos siguieron aportando sus opiniones, como si fueran un equipo de científicos merecedores del premio Nobel (bien pensado, teniendo en cuenta los recientes ganadores del Nobel, se podría decir que tenían posibilidades). Inútilmente. Estaba todo estudiado.

-Solo hay que empezar, y empezaremos con los empleados de nuestra misma compañía- afirmó Liam.

-Alguien podría sospechar que lo hacéis para deshaceros de empleados incómodos- intervino Paul Asters, obsesionado por las teorías conspiratorias.

La situación estaba llegando a un punto muerto cuando de repente se oyó con claridad un zumbido proveniente de la cabina. Todos se volvieron hacia ella, incluido un perplejo Liam quien empezó a balbucear algo como “no estaba previsto” al tempo que miraba la pantalla que enfocaba el Centro DIGÍTATE de Chicago, dónde los ánimos estaban mucho más tranquilos.

La puerta de la cabina se abrió y se pudo ver con extrema claridad la cabeza de un ser extraño, evidentemente extraterrestre.

El ser pareció mirar a su alrededor, más sorprendido aún que los humanos, y eso suponiendo que las protuberancias de apariencia blanda que sobresalían de su rostro amarillo ovoidal fueran ojos; entonces emitió unos sonidos sin sentido, volvió a cerrar la puerta y desapareció dejando a los humanos boquiabiertos.

Cuando un valiente agente de seguridad se adelantó a todos los presentes para abrir la puerta de la cabina, no pudo encontrar nada en su interior. En Chicago aún no se habían enterado de lo que había ocurrido, y por cierto su cabina también estaba vacía.

Lógicamente se dio por finalizada la rueda de prensa. Lógicamente se suspendió (momentáneamente) el proyecto DIGÍTATE. Lógicamente se buscó una explicación para lo ocurrido, una traducción de lo que el ser extraño dijo. Lógicamente no se encontró ni una cosa ni la otra.

Unos días después en las cabinas, que permanecían apagadas (o eso creían Liam y sus colaboradores) empezaron a aparecer objetos promocionales que invitaban a comprar chalets adosados en Alpha Centauri y extraños medicamentos desconocidos y sin embargo muy atractivos. Liam y todo el equipo de DIGÍTATE se vieron desbordados, las noticias empezaron a correr como el viento y fue necesario convocar otra rueda de prensa para aclarar las dudas de la ciudadanía.

Liam se presentó ante los periodistas con escasa o nula gana de bromear.

-Cómo sabéis- empezó titubeante -han ocurrido unos hechos inesperados relacionados con nuestro sistema de teletransporte.- Todo el mundo estaba al corriente de ello pero había que empezar de alguna manera. -No tenemos más datos al respecto.-

-¿Nos habéis convocado para decirnos que no sabéis qué está pasando?- preguntó John Schultz con vehemencia. -¡Nos están tomando el pelo!-

-No es cierto, hemos divisado un patrón y estamos buscando a alguien que nos pueda ayudar.-

Los periodistas se callaron expectantes.

-Me parece evidente- prosiguió McCormick -que nuestro sistema ha sido hackeado y nos estamos viendo desbordados por un exceso de información inútil y no solicitada. Estamos por lo tanto trabajando para rastrear el origen del ataque (todo apunta que se encuentre en un sistema estelar diferente del nuestro pero posiblemente en nuestra misma galaxia) y agradeceríamos la ayuda de cualquier experto en cuestiones interestelares.-

Los periodistas se quedaron callados, muchos de ellos boquiabiertos.

Y todos se quedaron boquiabiertos cuando percibieron un zumbido proveniente de la cabina más grande.

Y cuando la puerta se abrió y de ella salió un ser bípedo, bien trajeado, con cabeza ovoidal y artos finos, sin pelos ni barriga prominente… ¡el susto fue de alivio!

Y cuando la criatura afirmó, en perfecto acento californiano, que su nombre era imposible de pronunciar por unos humanos, pero que era un abogado y se ofrecía para defender a los inventos humanos y sus derechos de privacidad ante el Tribunal General de la Vía Láctea (traducción libre al inglés) aquello fue indescriptible.

El primer contacto de verdad con un ser de otro mundo, y en una rueda de prensa televisada para toda la Tierra y, evidente e inexplicablemente, más allá. Y tenía que ser un abogado.

-Nuestra compañía está dispuesta a contratarle, señor del nombre imposible de pronunciar y que, por más comodidad, llamaré Mario- dijo Liam quien había mantenido una sangre fría encomiable. -Pero no sabríamos cómo pagarle o compensarle por sus servicios ya que sólo conocemos la moneda corriente en la Tierra.-

-Hablaremos de ello en otro momento. Ahora es imprescindible actuar para evitar que los objetos promocionales os dejen de llegar. Tenemos que evitar descompensaciones de masa.-

Evidente. Menos pánico y más cerebro. Si están llegando objetos físicos de otras partes del Universo quiere decir que el sistema solar, y la Tierra en particular, se está haciendo más pesado. Lo cual influye por un lado en la rotación de la Tierra alrededor de Sol y de su proprio eje y por otra parte en el baile de movimiento rotativo que los sistemas estelares mantienen reciproca y constantemente.

Claro que, por ser un abogado, este extraterrestre parecía muy preocupado por los aspectos técnicos del asunto. Aclaró muy rápidamente esta duda.

-Se trata de un nuevo caso de spam, una estafa que se está llevando a cabo de forma masiva en este brazo de vuestra galaxia- explicó llanamente el abogado.

-Es decir, no tenemos ninguna posibilidad de sobrevivir a ella al no ser que destruyamos todos nuestros aparatos DIGÍTATE- fue la conclusión que Liam sacó apresuradamente.

-No exactamente- explicó el abogado. -En realidad, a pesar de que no dispongan Ustedes de una póliza de seguros extraplanetaria, la tutela de sus derechos está en manos de los organismos de vigilancia de los mundos poco desarrollados (como el vuestro), entidades con fines benéficos con sede principal en Deluros VIII. Pero eso es algo que os costaría de entender. Os baste con pensar que vuestro problema tiene solución.-

Los presentes parecían aliviados, pero Liam se mantuvo atento. ¡Un abogado! Lo peor que te puede ocurrir es bajar la guarda…

-¿Qué gana Usted con eso?- le preguntó a quemarropa. El abogado se vio obligado a contestar; a pesar de estremecerse su voz resultó tan clara y llana que puso en evidencia el uso de un aparato traductor.

-¡Nada!- exclamó el abogado. -Actualmente los terrestres vais a poder gozar de todas las ventajas de nuestro asesoramiento legal sin ningún coste.-

-Actualmente. Poder gozar. Ningún coste. Eso es lo que queda en evidencia de su frase. No soy abogado, y no me gusta en absoluto.-

-No entiendo por qué.-

-Porque significa que Próximamente No podremos gozar de Ningún coste. Y quiero saber cuál es el precio a pagar, ya sea hoy o nosesabecuando.-

-Es Usted muy desconfiado. ¿Son todos los Terrestres tan desconfiados?-

-Se sorprendería Usted. De hecho, se va a sorprender ahora mismo, al descubrir que no puede regresar al mundo del que proviene.- La ola de desconcierto se propagó desde el abogado hasta los periodistas y no periodistas presentes para alcanzar finalmente a los espectadores que estaban observando el desarrollo de la conferencia de prensa en todo el planeta.

-Eso es inaceptable.-

-Pues debería hacerse a la idea. Somos un planeta subdesarrollado pero somos menos tontos que lo que está pensando Usted. Desde que su emisario apareció en nuestra cabina el día de la inauguración fue evidente que habían conseguido hackear nuestros sistemas, así que emprendemos contramedidas. Ahora- sonrió -puede sentirse incómodo.-

-Pero yo solo soy un abogado- empezó para interrumpirse al instante al ver el gesto de Liam, su mano levantada. Mensaje universal.

-Sí lo eres, pero el gobierno de este brazo de la galaxia ha ilegalizado la práctica de la abogacía interplanetaria, lo cual es algo sorprendente y loable por haber sido llevado a cabo por un organismo político. Por lo visto las ‘ONGs’ de Deluros VIII son famosas en todas las galaxias conocidas y por conocer.-

-¿Cómo…?-

-Somos subdesarrollados, pero no somos tontos. Nuestro sistema era a prueba de error en nuestro planeta: nadie en la Tierra podría haber tenido la capacidad de introducirse en DIGÍTATE y arriesgarse a teletransportarse, oportunamente disfrazado. Sólo podía tratarse de seres de otros planetas. Así, examinamos las grabaciones y conseguimos establecer el punto de origen de su transmisión.-

El abogado extraterrestre parecía rendido, pero aún le quedaban fuerzas para preguntar. Se había dado cuenta que la huida era imposible, ya que la vía hasta la cabina estaba controlada por unos humanos uniformados.

-Así entendimos también cómo enviar una señal a otro planeta. No pudimos enviaros señales directamente, así que optamos por ‘ir a ciegas’, hasta despertar el interés de la Brigada anti fraude de Pericles V. Fue un intercambio de informaciones muy intenso e interesante. Mientras estamos hablando creo que toda vuestra red de estafadores está siendo desmantelada, y en unos minutos contaremos con la presencia entre nosotros de los agentes de la Brigada.-

La mayoría de los presentes no había entendido todavía nada de lo que acababa de ocurrir, pero intuía que se trataba de algo en que los humanos habíamos quedado muy bien, y estallaron en un largo aplauso.

-No lo entiendo- balbuceaba el abogado deluriano. -Acabáis de descubrir la tecnología del teletransporte…-

-Y de manera autónoma, algo que muy pocos seres han conseguido.- Se oyó un zumbido, luego la puerta de la cabina se abrió abruptamente y dos agentes de la Brigada (o eso se suponía que eran) irrumpieron para hacerse cargo del abogado cuyo nombre, por cierto, era pronunciabilísimo y se podría escribir DAREY.

Los agentes se hicieron cargo del estafador y le llevaron a la cabina, entre los aplausos de los periodistas y los focos de las cámaras que no quisieron perderse ni un instante de la escena.

-Ahora- dijo plácidamente Liam para concluir la rueda de prensa -nos espera un largo camino de investigación técnica y geográfica.-

Tenía razón. El ser humano acababa de empezar a crecer y hacerse adulto.

 

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