jump to navigation

MiniSerial: Error de Transcripción #3 20/10/2011

Posted by alexanderfoxx in Mini Serial.
trackback

La tercera entrega del mini serial ha llegado:

Tardaron una hora en llegar cerca de los despachos donde habían instalado su cuartel general. Hoy en día funcionaba así. Pocas formalidades, quizás demasiado pocas. Cuando se pierde la disciplina… Teresa tuvo la delicadeza de no hablar mientras conducía su coche; su coche de él; es cierto, estaba conduciendo ella. No se había enterado.

Tenía confianza de poder llegar a centrarse un poco, pero justo cuando iban a llegar a destinación el sonido del móvil de Teresa le hizo sobresaltar. Ella contestó. -Sí. Vale. Espera que tomo nota.- No le dio tiempo a decir nada más. El aullido de una sirena la interrumpió, y la indicación del policía que iba a bordo era clara. Tenían que parar. -Mierda. Te llamo luego.-

Pararon en cuanto le fue posible. El policía se acercó a la ventanilla, que Teresa había bajado ya. -Oiga agente- empezó con tono amable.

-Sus documentos y los documentos del coche por favor señorita.-

-Ehm-, se dejó escapar Martín. Por lo de ‘señorita’, pero de forma equívoca.

-¿Algún problema señor?- preguntó con mucha cortesía y amabilidad el policía.

-Nada, nada- le contestó el ‘señor’. -Es sólo que tenemos cierta prisa.-

-Razón de más para mostrar los documentos. Será una cuestión de un par de minutos, multa por usar el móvil conduciendo, quita de puntos y nada más.- El otro policía se estaba acercando por el otro lado.

-Parece que Usted no sepa quién soy yo- le dijo Teresa.

-Y seguiré sin saberlo mientras no me enseñe sus documentos.- Desconsolado, Martín se dispuso a abrir la guantera para buscar los documentos del coche; al mismo tiempo, Teresa se movió en el asiento para exhibir su cartera con todos los documentos, placa incluida. Y así fue como se complicó todo.

Al ver el arma de Teresa, el policía de su lado se puso a gritar algo (no parecía haber salido de los manuales de instrucción de la academia) y desenfundó su pistola; por puro reflejo su compañero hizo lo mismo, y justo cuando Martín abría la guantera del coche de la que salió so Glock 9mm parabellum. Un arma que no encajaba con el perfil del ciudadano medio de Madrid. El reflejo de Martín fue de coger el arma que estaba cayendo, y el del policía fue de disparar.

Suerte que los cadetes de hoy en día no son como los cadetes de antaño. En cuanto a puntería. De los ocho golpes que los policías dispararon sólo dos llegaron a perforar el coche. De los otros nada más se supo. Buena señal: no habían matado a nadie.

Cuando los ánimos se hubieron tranquilizado, la escena residual fue cómica. Los policías sin capacitarse todavía de lo que había pasado, y eso que habían disparado ellos. Martín y Teresa en el coche con las manos en alto, un zumbido en los oídos y todavía sin creer que estaban vivos todavía. De momento.

Eso que se ve en las series americanas, que todos los policías conocen y reconocen a los jefes e investigadores… todo mentira. Hizo falta otra media hora para que fuera posible aclarar la situación de cada uno. Y todos tenían un zumbido constante en los oídos, y se expresaban más por signos que verbalmente. Al final todos estuvieron de acuerdo: había sido un malentendido, y gracias a Dios nadie había resultado herido o muerto; no había pasado nada. Martín no estaba totalmente de acuerdo. Miró el parabrisas astillado y el agujero en el respaldo del asiento en el que se encontraba antes de agacharse. El proyectil había traspasado el asiento para ir a clavarse en el asiento de atrás. Es decir, sustitución de dos asientos. Sin comentarios.

Cuando por fin pudieron reanudar la marcha ya se estaba haciendo tarde. Teresa fue pisando demasiado y, cuando un coche de policía intentó pararles, no le hizo caso y se dirigió a la estación de policía que distaba un par de calles no más. Cuando llegaron, encontraron un comité de bienvenida inesperado, con armas dirigidas hacia ellos. Martín se escondió instintivamente debajo del salpicadero. Teresa levantó las manos y esta vez no intentó enseñar la placa. Finalmente, Ramírez se abrió paso entre sus colegas y consiguió apaciguar los ánimos.

Habían conseguido llegar. El dolor de cabeza de Martín se había multiplicado por cien, y el valor de su coche había disminuido de la misma cantidad. Teresa estaba algo nerviosa. Suerte de la enfermería de la estación: unos cuantos ansiolíticos consiguieron tranquilizarla.

El día era a cada momento más extraño. Ojalá hubiera alguna buena noticia.

-Tenemos el nexo- dijo Ramírez cuando consideró que los dos investigadores estaban en condiciones de asimilar la noticia. Que parecía buena. Tenía que serlo.

-Es decir…- el rostro de Martín debería expresar excitación, posiblemente admiración por el trabajo del equipo, hasta emoción por los acontecimientos futuros e incógnitos. Pero en realidad no conseguía expresar nada en absoluto, y se convertía en muecas grotescas. À la merde. ¿Qué le habrán dado los chicos de la enfermería?

-Todas las víctimas habían ido a visitar a un mismo personaje. Una tras otra, pocas horas antes de suicidarse.-

-Interesante.-

-A lo mejor les han suicidado de verdad- intervino Teresa.

-Es posible- siguió Ramírez. -Y sin embargo creo sería un disparate creer en esta posibilidad.-

-¿Por qué? ¿Qué iban a hacer con este personaje? Ya lo estoy viendo llegar, droga, contrabando de armas, mujeres…-

-No, no, qué va. Nada de todo eso. Se trata de otro tipo de personaje. De una especie de brujo.-

Y era cierto, por muy sorprendente que pudiera parecer a los ojos de Martín y Teresa. Se trataba de un personaje completamente distinto de todos los conocidos y por conocer, que desempeñaba un papel singular en el panorama de los curanderos. No se le veía en público, no protagonizaba espectáculos televisivos de dudosa calidad (y efectividad), no era fácilmente accesible. Pero, eso sí, por unánime admisión, el éxito de lo que decía a sus clientes, de sus consejos, era asombroso.

Así que iban a verse cara a cara con un personaje muy importante y muy poco famoso. E iban bien escoltados. Por si a caso.

Y con un coche oficial, ya que el coche de Martín se había quedado en el taller de la Policía misma. El Ministro de Interiores había prometido que el ministerio pagaría las reparaciones necesarias; ya Seremos.

Si alguien quiere comentar puede hacerlo, no me lo voy a tomar a mal (todo lo contrario, se agradece mucho)

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: